Los Alcoceres, un rincón olvidado

 

Los Alcoceres, Requena

5 de julio de 2026

El topónimo de Alcocer viene del árabe al-qusayr, es un diminutivo de castillo, se podría traducir por castillejo. Los Alcoceres, son un pequeño caserío del término de Requena, que no debió de contar con más de seis casas. Este despoblado se ubica dentro del parque natural del Cabriel. A su lado discurre la Vereda Real de la Serranía de Cuenca, por donde antaño transitaban los ganados trashumantes.


Viñas de Casilla Hernández


Hoy en día, la mayoría de las casas está en ruinas, apiñadas en un pequeño risco a 625 msnm. Muy cerca hay una fuente, a la que prestan su nombre, que en pocos metros desemboca en el barranco de Hórtola, un afluente del Cabriel.


El Migallón, Requena


Estas tierras alejadas de casi todo, son un remanso de tranquilidad, pero no siempre fue así. Antaño la seguridad era muy precaria, por ello se agrupaban las viviendas en los altozanos y cerca de un punto agua, como es este caso. En esta zona abundan los restos ibéricos que elegían habitar los altos cerros, como el cercano Migallón, donde todavía se adivina la base de un murete perimetral.


Campos de cereal de Casilla Hernández


Sus gentes vivían de la ganadería, cultivaban algunos secanos con cereal y unos pequeños huertos junto a los arroyos. Pero hace muchos años que ya no los habita nadie, lo mismo que pasa en el cercano caserío de Hórtola.


Zorro (Vulpes vulpes)

A las 7 de la mañana, dejé el coche cerca de Casilla Hernández, nada más comenzar a caminar, en los campos de cebada observé un zorro (Vulpes vulpes), mientras se oían los cantos de las codornices (Coturnix coturnix).


Cuervo (Corvus corax)

El bosque que cubre estos pobres suelos da cobijo a una variada fauna. Esa mañana, encontré dos grupos familiares de arrendajo euroasiático (Garrulus glandarius) y otro de cuervo grande (Corvus corax).


Jilguero (Carduelis carduelis)

Otras aves más pequeñas también se desplazan en compañía de sus jóvenes del año, como el pinzón vulgar (Fringilla coelebs) y el jilguero europeo (Carduelis carduelis).


curruca rabilarga (Curruca undata)

En las zonas más frescas, donde crece el sotobosque más denso, sorprendí una curruca rabilarga (Curruca undata). Muy cerca, en un campo sin sembrar que ocupaba un espeso herbazal, campeaba un grupo de cistícola buitrón (Cisticola juncidis).


Campos de lavanda, Fuente Melada

Lavanda (Lavandula angustifolia)


Poco antes de llegar a Fuente Melada han sembrado lavanda (Lavandula angustifolia) y todavía está en flor, cosa que aprovechaban innumerables mariposas y un buen grupo de abejorros (Bombus terrestris) para alimentarse.


Abejorro (Bombus terrestris) libando en la lavanda


Muy cerca descubrí una pequeña balsa que recoge la lluvia y todavía tenía bastante agua, cosa que aprovechaban muchas aves para entrar a saciar la sed. 


Abrevadero en Fuente Melada


En una corta espera, a una distancia prudencial, vi entrar carbonero común (Parus major), escribano soteño (Emberiza cirlus), estornino negro (Sturnus unicolor), pardillo común (Linaria cannabina mediterranea), serín verdecillo (Serinus serinus) y tórtola europea (Streptopelia turtur).


Estornino negro (Sturnus unicolor)

Un poco más adelante, ya en los Alcoceres, descubrí una garrapata canina marrón (Rhipicephalus sanguineus) que detecté antes que me picará. Busqué una sombra para almorzar cerca de la fuente de los Alcoceres y allí sentado pude observar un ciervo común (Cervus elaphus).


Fuente de los Alcoceres


Ciervo común (Cervus elaphus)

Otras aves se dejaron ver en esta zona, como la curruca cabecinegra (Curruca melanocephala), el mirlo común (Turdus merula), la oropéndola europea (Oriolus oriolus) y la paloma torcaz (Columba palumbus).


Graphosoma lineatum

Regresé por la vereda hasta donde había aparcado, en ese tramo añadí a mi cuaderno de campo un grupo de golondrina común (Hirundo rustica), un zorzal charlo (Turdus viscivorus) y un chinche "elegante", el Graphosoma lineatum.


Busardo ratonero (Buteo buteo)

De vuelta con el coche, cerca de Campo Arcís planeaba un busardo ratonero (Buteo buteo) y en Casa Pastor, una culebrera europea (Circaetus gallicus). A pesar de la canícula, un paseo madrugador permite descubrir una parte de la riqueza natural de esta comarca del interior valenciano.

Un río Magro nuevo (2)

 

Sierra de las Cabrillas, Requena

Requena: 14 de junio de 2026

Esa mañana recorrí la zona de Casa Suárez, desde donde me asomé al inicio de los cañones del río Magro, donde el río se adentra en las estribaciones de la Sierra de las Cabrillas. Esa jornada apretaba el calor lo que dificultaba el tránsito por los cerros que se asoman al Atrafal. 

Tábano (Haematopota pluvialis)


Para complicarlo todo abundaban los tábanos (Haematopota pluvialis), ansiosos por picar un animal de sangre caliente, torpe como yo, que además en vez de cubrirse con un duro cuero como el vacas, cabras o mulos, solo tenía como protección una fina camiseta de fibras sintéticas. Para compensar las penurias, disfruté de unos paisajes tapizados de un verde infinito.


Arrendajo (Garrulus glandarius)

En la espesura del pinar, más que ver las aves hay que aprender a reconocerlas por sus reclamos. Los arrendajos (Garrulus glandarius) emiten un graznido desagradable que alerta a todo el bosque de mi presencia. 


Pinzón (Fringilla coelebs)


Eso complica observar los pinzones (Fringilla coelebs) y los mitos (Aegithalos caudatus) que se desplazan a media altura buscando insectos con los que alimentarse. 


Mito (Aegithalos caudatus)


Abajo, junto al cambiado lecho del Magro, se oían las melodías de la oropéndola europea (Oriolus oriolus).


Lagartija colilarga (Psammodromus algirus)


La espesa vegetación arbustiva que invade las sendas y pistas menos transitadas, obliga a no quitar la vista del camino, lo que me permitió sorprender una lagartija colilarga (Psammodromus algirus). Mientras, en los cielos gritaba el vencejo real (Tachymarptis melba) que intentaba atrapar todo tipo de insectos con los que alimentar a su prole, que debe estar a punto de saltar de sus nidos para empezar una vida independiente.


Río Magro, Sierra de las Cabrillas, Requena


 

Un río Magro nuevo (1)

 

Cañones del río Magro

Requena: 7 de junio de 2026

Un par de jornadas del mes de junio las emplee en recorrer los cañones del río Magro, donde corta la parte occidental de la Sierra de la Cabrillas, en el término de Requena. La DANA del 29 de octubre de 2024 concentró una avenida inmensa que erosionó toda la zona inundable.


Vencejo real (Tachymarptis melba)


Una crecida similar a un tsunami, arrancó la mayor parte de los árboles, muchos de ellos eran ejemplares enormes y añosos. Arrasó con las plantas que tapizaban sus orillas: cañas, zarzas y juncos que desaparecieron dejando un lecho libre vegetación. 


Avión roquero (Ptyonoprogne rupestris)


Excavó nuevas pozas y cegó otras, movió grandes piedras, creó amplias lagunas. En las orillas aparecieron zonas cubiertas por gravas y cantos rodados de todos los tamaños, mientras que en otros lugares se depositó una fina arena blanca. 


Cañones del río Magro, Requena


Buena parte de los caminos y puentes de las orillas desaparecieron, por lo que recorrer la zona, es como adentrarse en un espacio nuevo, donde la única referencia reconocible son los altos cerros y los cortados rocosos que continúan inmutables. 


Cinto de los Vencejos, Requena


Caminar el cauce es difícil, por lo que preferí trepar a las crestas y adentrarme en el pinar, para tener una vista cenital del río Magro más salvaje y primigenio.


Pinar en la Sierra de las Cabrillas


Los pinares mediterráneos no se caracterizan por tener muchas aves, las pocas que consiguen alimento aquí son difíciles de observar, pero un paseo atento a los detalles, nunca defrauda al naturalista.


Piña de San Juan (Rhaponticum coniferum)


En la laderas pedregosas y soleadas, por donde trepaba la senda encontré la curiosa piña de San Juan o cuchara de pastor (Rhaponticum coniferum), una herbácea de floración singular aparece a finales de primavera.


Escarabajo de cuatro puntos (Mylabris quadripunctata)


Sorprendí una libélula Orthetrum coerulescens y varios vistosos ejemplares del escarabajo de cuatro puntos (Mylabris quadripunctata). Este coleóptero que se alimentan de polen tiene unos alitros, o alas endurecidas, con un vivo color rojo, decorado con marcas elitrales negras, que lo hacen muy llamativo y es muy detectarlos sobre las flores.


Orthetrum coerulescens

Las aves que encontré fueron el alcaudón común (Lanius senator), avión roquero (Ptyonoprogne rupestris), buitre leonado (Gyps fulvus).


Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)


Además de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), oropéndola europea (Oriolus oriolus), paloma torcaz (Columba palumbus), vencejo común (Apus apus) y vencejo real (Tachymarptis melba).


Paloma torcaz (Columba palumbus)


25 años siguiendo el halcón de Eleonora en Talayuelas

 

Halcón de Eleonora (Falco eleonorae)

En el año 2001 observé por primera vez el halcón de Eleonora (Falco eleonorae) en la laguna de las Ollas, Talayuelas. Un 7 de julio al anochecer, sorprendido contemplé 8 ejemplares que sobrevolaban el lago para alimentarse de escarabajos sanjuaneros (Melolontha melolonta) y libélulas. Esta fue una de las primeras veces que se detectaba esta especie en el interior de la Península Ibérica. 


Halcones de eleonora y un vencejo común en Talayuelas, 25/6/26


Este pequeño falcónido nunca fue fácil de localizar debido a su peculiar fenología. Es una especie migratoria que llega a las costas mediterráneas entre finales de abril y mayo. En este momento aprovechan el final del paso migratorio prenupcial, para alimentarse de pequeñas aves e insectos medianos para recuperar fuerzas después de un extenuante viaje migratorio. 


Laguna de Talayuelas, 25/6/26


Una vez acaba el tránsito de la migración, han de realizar un nuevo desplazamiento para encontrar sustento. Entonces se dirigen hasta el interior peninsular, donde aprovecharan la eclosión de grandes insectos en las zonas boscosas y húmedas, en ese justo momento es cuando podemos encontrarlos en Talayuelas. 


Luna del 25/6/26 en Talayuelas

Al caer la tarde, se activan los grandes insectos alados, y repentinamente aparecen los halcones. Generalmente forman pequeños grupos que siguen las concentraciones de insectos, por ello dependiendo donde se localicen, sobrevuelan la pinada, otras veces remontan más alto de las crestas o bajan hasta casi tocar la laguna. Una vez detectan sus presas gracias a su vista, con rápidos quiebros las atrapan con las garras y se las comen sin dejar de volar. 


Halcón de Eleonora


En los 25 años de registros que tengo de esta especie, he observado una media de 6,23 ejemplares/año. Esta primavera de 2026 pude observar 6 individuos que aparecieron a partir de las 20:30 horas del 25 de junio. Repetí observación la mañana siguiente, desde la 6 de la mañana hasta las 10 horas, pero no apareció ningún individuo.

El halcón de Eleonora tiene una población reproductora en las costas mediterráneas españolas de entre 950 y 1.170 parejas. En el País Valencià solo cría en las islas Columbretes donde, en 2019, se reprodujeron 62 parejas.


Halcón de Eleonora

A finales de julio inician las puestas en pequeñas oquedades y repisas de los acantilados marinos, de Baleares o Columbretes. La eclosión de los pollos se retrasa respecto a otras rapaces, para hacer coincidir su nacimiento con el inicio del paso migratorio postnupcial. Esto permite que los padres puedan alimentar su prole con las pequeñas aves que entran cansadas, después de una larga travesía sobre el mar, lo que facilita mucho su captura. 


Escribano triguero en Talayuelas 26/6/26

Una vez desarrollados los pollos, entre los meses de octubre y noviembre, toda la familia emprende un titánico viaje de más de 10.000 km, que les llevará a atravesar el centro del continente africano, para dirigirse hasta las costas del África oriental. Allí pasan el invierno entorno a las islas de Madagascar, Mauricio y Reunión, donde capturan grandes insectos de los bosques húmedos. Para encontrarlos no dudan en remontar el vuelo a las zonas montañosas, hasta los 1.200 m de altitud. Han de alimentarse a conciencia, porque en abril les espera otro viaje de regreso que sumará otros 10.000 km, para conseguir regresar a sus zonas de cría. 


Floración de Polygonum amphibium


Entre finales de primavera y principios del verano la laguna de Talayuelas vive un momento de plenitud de biodiversidad. La tarde del 25 y la mañana del 26 de junio me permitieron disfrutar de una laguna tapizada de las vistosas flores rosas del Polygonum amphibium, que se levantaban unos centímetros por encima del agua tiñendo su superficie de un rosa de cuento. Sus inflorescencias sobresalían de entre las plantas flotantes como la lenteja de agua (Lemna minor) y las acorazonadas hojas de los Ranunculus peltatus i R. trichophyllus


Bisbita campestre en Talayuelas, 26/6/26

La laguna es el reino de las anátidas, la más abundante es la focha común (Fulica atra) que sumaba un ejército de pollos de todas las edades. Les acompañaban varias parejas de ánade azulón (Anas platyrhynchos), de porrón europeo (Aythya ferina), de zampullín común (Tachybaptus ruficollis) y una solitaria garza real (Ardea cinerea).


Curruca mirlona

En la franja de vegetación que rodea la zona inundada crecen carrizos (Phragmites australis), juncos de laguna (Scirpus lacustris) y espadañas (Typha latilolia), justo por donde revoloteaba el cistícola buitrón (Cisticola juncidis).


Cebada en Talayuelas, 26/6/26


En los alrededores todavía se cultivan algunos campos de cereal, donde una gran segadora recogía la cebada (Hordeum vulgare), cosa que aprovecharon al amanecer tres ciervos (Cervus elaphus), para comer el grano que había dejado caer la máquina. Desde dentro del cereal se oían los cantos de varias codornices (Coturnix coturnix), mientras los bisbita campestre (Anthus campestris) ponían un contraste musical aflautado, cantando desde cualquier percha que les sirviera para marcar su territorio. El complemento lo ponían tres liebres ibéricas (Lepus granatensis), que correteaban en el límite de los cultivos. 


Cogujada montesina

Andando por la pista pedregosa se dejó ver una cogujada montesina (Galerida theklae) y un grupo de gorrión chillón (Petronia petronia), mientras un escribano triguero (Miliaria calandra) vigilaba desde lo alto de un romero (Salvia rosmarinus).


Tarabilla común en Talayuelas, 25/6/26

A la sombra de una dehesa que ocupa antiguos campos, dominada por grandes encinas (Quercus ilex) que completan algunas nogueras (Juglans regia), crece una buena muestra arbustiva y de aromáticas. Hay espesas coscojas (Quercus coccifera) que rivalizan en tamaño con las carrascas. A sus pies se extiende una buena muestra de brezos (Erica arbórea) y E. scoparia. Los tomillos (Thymus leptophyllus) siguen en flor perfumando el entorno y las estepas (Cistus salvifolius) ponen la nota de color con sus flores. 


Verderón común

Este es el reino de las aves de los sotos y muchas de ellas estaban acompañadas por sus polluelos. Observé alcaudón común (Lanius senator), curruca cabecinegra (Curruca melanocephala), curruca mirlona occidental (Curruca hortensis), escribano soteño (Emberiza cirlus), grupos de pardillo común (Linaria cannabina mediterranea), algún verderón común (Chloris chloris) y la omnipresente tarabilla europea (Saxicola rubicola).


Milano negro

Dedicados al arte de atrapar con la boca cualquier insecto, en el cielo había buenos números de vencejo común (Apus apus), algunos individuos de golondrina común (Hirundo rustica) o de avión común (Delichon urbicum). Además de los protagonistas de la escena, seis halcones de eleonora, en algún momento sobrevolaron la zona otras rapaces. Observé un busardo ratonero (Buteo buteo), un milano negro (Milvus migrans), un halcón peregrino (Falco peregrinus brookei) y un grupo de corneja de negra (Corvus corone). Mientras tanto, por el alto de los cerros se cernía una culebrera europea (Circaetus gallicus), en busca de algo que cenar.


Corcino en Talayuelas 26/6/26

Dentro de la espectacular pinada de gigantes rodenos (Pinus pinaster), se movían las palomas torcaces (Columba palumbus) y se oía, más que verse, a las oropéndolas (Oriolus oriolus). Abundan los pinzones (Fringilla coelebs) y los Jilgueros (Carduelis carduelis). Escondidos dentro la espesura del bosque, rompía la tranquilidad del amanecer la ronca de dos corzos (Capreolus capreolus). Poco después tuve la suerte de sorprender un joven corcino que, seguramente, por su inexperiencia, se dejó hacer alguna foto. Por la noche el único canto que competía con el de las ranas, era la matraca del chotacabras europeo (Caprimulgus europaeus).


Bosque de pino rodeno, Talayuelas

Al final de la primavera, poder disfrutar de un anochecer seguido de una alborada, es todo un espectáculo natural bastante infravalorado respecto de otras zonas mucho más celebradas, pero por eso mismo resulta mucho más intenso.