Buseu: la Meca de los carroñeros ibéricos

 

Quebrantahuesos adulto en Buseu, Lleida

Eduardo Blanco Mendizabal (eduardo@ebmfoto.com www.ebmfoto.com) ofertaba en su web un taller fotográfico de fin de semana en Buseu, para disfrutar de sus especialidades y no me lo pensé mucho. El día 21 de mayo salí desde València en dirección a los Pirineos. En la comarca leridana del Pallars Sobirà, a la derecha del río Noguera Pallaresa, nada más pasar la Pobla de Segur se eleva la sierra de Boumort.




En la parte alta se encuentra el despoblado de Buseu, allí el naturalista Jordi Canut compró una de las casas del pueblo de su mujer y 230 hectáreas de tierras a su alrededor. Empezaron con la rehabilitación de la casa mejor conservada, y a partir de 2012 decidieron iniciar un proyecto vital que les permitiera vivir allí. Para ello crearon observatorios fotográficos de águila real y quebrantahuesos, que complementaron con un rebaño de ovejas criadas en extensivo. Hoy sus hijos Gerard y Cristina, continúan y han ampliado, tanto la recuperación de las casas, además de mejorar la oferta de escondites fotográficos (hides).


Sierra de Boumort


Para acceder a Buseu por la vertiente occidental, hay que trepar por una estrecha y retorcida carretera que pasa por unas pequeñas y olvidadas aldeas, donde todavía resisten unos pocos ganaderos.




Sin duda, el plato fuerte del menú de Buseu es el hide de carroñeras, que se ha convertido en el mejor de toda Europa porque se observan a placer las cuatro especies de necrófagos ibéricos: el buitre leonado (Gyps fulvus), el buitre negro (Aegypius monachus), el alimoche (Neophron percnopterus), sin olvidar el espectacular quebrantahuesos (Gypaetus barbatus aureus). Pero además disponen de un hide de águila real (Aquila chrysaetos) y otro de garduña (Martes foina).

 

Cephalanthera longiflora

Viernes 22 de mayo

A mediodía, hice una parada para comer en pinar próximo a Buseu, donde pude ver agateador norteño (Certhia familiaris) y una preciosa orquídea, Cephalanthera longiflora, que es un indicador del buen estado de conservación de estos bosques. Por la tarde, después de las presentaciones del grupo y la cena, entramos al hide de garduña (Martes foina), que tambié recibió la visita de un zorro (Vulpes vulpes) y la de un simpático ratón de campo (Apodemus sylvaticus).

 

Comienza el festín en Buseu

Sábado 23 de mayo, el muladar perfecto.

Esa jornada la dedicamos integra a dos sesiones en el hide de carroñeras. Sentarse cómodamente detrás de un cristal espejo, a escasos metros de un espectáculo digno de todo un capítulo de un gran documental faunístico, abre un abanico de posibilidades. 


El escenario del festín


Primero para el fotógrafo, pero un naturalista podrá disfrutar de muchos más detalles. Se puede disfrutar de los múltiples detalles de los diferentes plumajes. 


Buitres leonados en Buseu


El observador puede recrearse con hasta el más mínimo de la estructura de los cuerpos de las diferentes especies. Además se pueden ver comportamientos singulares, unas aves son más agresivas y se producen amenazas y enfrentamientos, que alimentos eligen y como los ingieren. 


Buitre leonado en Buseu

Se comprueba cómo vuelan, aterrizan o despegan, incluso como una vez ahítos, algunos se tumban a descansar. Además hay muchos individuos marcados con anillas de PVC e incluso con marcas o banderas alares lo que a posteriori permite ampliar detalles del historial de cada individuo.


Buitres en Buseu

Las aves carroñeras cuando visitan un muladar, siguen un ritual claramente preestablecido. Como todas las aves grandes necesitan que el sol caliente el aire para aprovechar las corrientes térmicas que faciliten su sustentación y reduzcan el consumo energético del vuelo. Por ello no aparecen hasta que sol ha caldeado el ambiente. En el caso de Buseo, el espectáculo comenzó a las 9 de la mañana.


Esperando el almuerzo

Una vez acomodados dentro del escondite fotográfico, comprobamos que los primeros buitres leonados, se impacientaban esperando la llegada del vehículo que subía la carroña. En cuando aparcó el coche en un extremo del prado, bajaron ocupando todo el escenario que teníamos frente del espejo.


Pidiendo pista de aterrizaje


En cuanto sale del coche uno de los miembros de la familia Canut cargado con una caja llena de despojos cárnicos, se ve rodeado por un ejército de buitres leonados, hambrientos e impacientes. Pero, a pesar de su tamaño, son carroñeros, ninguno osará tocar un ser vivo. 


Sin miedo a los buitres

De hecho, en un momento dado apareció en un lateral del prado, una oveja acompañada por su cordero, estando todo ocupado por un par de cientos de buitres, que no les hicieron el menor caso. Cuando alguien os cuente que los buitres atacan el ganado, no lo creáis, será un listillo que pretende que la administración le pague por la muerte de una res que abandonó en la montaña.


Melé de buitres en Buseu

A groso modo calculo que durante toda la jornada entrarían unos 200-250 buitres leonados buscando alimento. Los carroñeros más hambrientos no dudan en pelearse entre ellos por conseguir un bocado, pero la confusión no duró mucho porque, principalmente les llevan huesos grandes con poca carne, que es lo que prefieren los quebrantahuesos. Ser una estrella, hasta en el mundo de la ornitología, tiene sus privilegios. Una vez satisfecho el apetito, algunos leonados no dudaron en tumbarse en medio del muladar para cerrar los ojos y pegar una prolongada siesta.


La hora de la siesta

 

Llega el buitre negro

Los señores oscuros

Una vez pasados los primeros minutos de confusión y las primeras peleas por la carroña, que semejan una melé de rugby, aparecieron los buitres negros. Ellos se saben más grandes, ante una pelea con un leonado, son conscientes que saldrán ganando, pero se nota que les respetan porque son mucho más numerosos.


Buitre negro reclamando un prémio


Los buitres más ansiosos, pueden llegar a plantar cara a un buitre negro, pero el enlutado sabe hacerse respetar. El conflicto también tiene su propio ritual, los señores oscuros se hinchan para parecer más grandes, cuando eligen el bocado de un leonado, agachan la cabeza, con lo que se erizan dos mechones de plumas en los hombros, esto les hace parecer aún más grandes. 


Buitre negro en Buseu


Caminan en dirección a su víctima lentamente, con pasos largos. Si el buitre leonado no se resigna a perder su tesoro, el negro abre las alas y no dudará en empujarlo con las garras. Si su víctima esta de espaldas y no se percata de la llegada del espíritu negro, comprobará como salta sobre su espalda, empujando al propietario del despojo con ambas garras simultáneamente, expulsándolo sin remedio. 


El espíritu oscuro


En algunos momentos llegamos a observar hasta nueve buitres negros, con diferentes plumajes. Son animales totémicos, impresionantes, parecen poderosos espíritus oscuros que recuerdan al Nosferatu de Friedrich Whihelm Murnau (1922), seres altivos que se pasean rodeados por ejército de leonados, para elegir su bocado favorito.

 

Alimoche en Buseu

Los delicados señores blancos

Casi en paralelo a la llegada de los buitres negros aparecen los “ligeros” alimoches, vimos un máximo de tres simultáneos. Básicamente era una pareja que paseaba entre gigantes violentos, ignorándolos mientras recogían las migas que han caído al suelo. Con su fino pico, parecido a delicadas pinzas de un cirujano, demuestran ser capaces de obtener suficiente alimento y con facilidad. 


Cópulas en el comedor


Son aves descaradas, cuando la pareja se encontraba después de un recorrido de alimentación, realizaban una rápida cópula para celebrarlo, copularon cinco veces en la misma mañana. Nos sorprendió comprobar que realizar sexo en medio del comedor, parecía molestar mucho a los buitres negros, si los descubrían cerca, no dudaban en lanzarles un picotazo o una patada a la espalda para separarlos.




Dos especies más se presentaron en el muladar, una pareja de cuervo grande (Corvus corax) que no parecía muy preocupada en buscar alimento, y cuatro cornejas negras (Corvus corone), que después de un breve paseo entre buitres, se cansaron y marcharon, por donde habían venido.

 

La aparición estelar, el quebrantahuesos

El quebrantahuesos estuvo cerca de la extinción en la Península Ibérica, por suerte la protección de la alta montaña, el aporte de alimentación suplementaria en muladares específicos y los programas de cría en cautividad, han conseguido recuperar la especie y expandir sus poblaciones.

Entre buitres que básicamente son monocromáticos, los leonados marrones, los negros, muy oscuros y los blancos alimoches, ellos son unas aves grandes, multicolores. Por si fueran poco llamativos sus plumajes de adulto, estos han aprendo a maquillarse para estar aún más atractivos. Para conseguirlo se bañan en charcos que tengan barro férrico (óxido de hierro).

Estudios recientes han descartado que lo hagan por mantener alejados parásitos, consideran que es una técnica que les permite mejorar su aspecto, facilitando sus relaciones sociales gracias a resultar más atractivos. Con el tono rojizo, demuestran que son adultos sanos, fuertes y que conocen todos los secretos de sus amplios territorios. Un 90% de los individuos ibéricos presentan tonalidades más o menos anaranjadas, obtenidas a base baños y las hembras parecen ser las más aficionadas al color anaranjado. Además de este detalle, los quebrantahuesos presentan una marcada en la evolución del plumaje de sus primeros años, hasta que alcanzan la madurez sexual.

 

Diferentes plumajes

Dejando aparte los plumajes de los pollos en el nido, una vez obtienen sus primeras plumas de vuelo, hasta diciembre de su primer año, los juveniles de primer año calendario (1cy), presentan la cabeza y cuello negros, el iris oscuro y una barba muy pequeña. Son aves básicamente negras, que en el dorso presentan un difuso escudo blanquecino. Esta especie tiene otra singularidad, en sus primeros años, los inmaduros son más grandes que los adultos, esto les permite ganar las pugnas para obtener los mejores bocados, una estrategia que favorece su supervivencia.

En su segundo año de vida, el joven de 2cy, desde los 9 meses hasta el año y 9 meses (10-21 meses), inician la primera muda de las rémiges y aclaran el plumaje ventral.

El inmaduro de 3cy, desde 1 año y 10 meses, hasta los 2 años y 9 meses (22-33 meses), empieza a aclarar la cara y las partes ventrales. El subadulto de 4cy, desde los 2 años y 10 meses hasta los 3 años y 9 meses (34-45 meses), se ha hecho más esbelto, presenta la nuca clara y un marrón ventral mucho más homogéneo.

El adulto imperfecto, las aves de 5cy (46-57 meses) y 6cy (58-69 meses), desde los 3 años y 10 meses, hasta los 5 años y 9 meses, se parecen mucho a un adulto, aunque su cabeza y cuellos presentan trazas de coloración negra. Alcanzan la madurez sexual a partir de los 6 años.

Por último, el adulto 7cy, desde los 5 años y 9 meses en adelante, con 70 meses de vida, tienen  la cabeza, cuello, vientre y calzas claros, pero suelen llevarlos teñidos de un color rojizo. Rematan su cara con una llamativa barbar negra, que en las primeras edades es muy poco patente. Estas son aves son grandes que cuentan con una envergadura media de 2,54 m y una longitud 1,09 m. Su silueta en vuelo es esbelta y estilizada, con alas largas y estrechas, rematadas por una cola larga. Su masa corporal media es de 5,18 kg en los machos, mientras que las hembras son ligeramente más grandes, con 5,85 kg.

 

Nidificación

El periodo de celo se inicia en diciembre. Para ubicar sus nidos eligen repisas en cortados rocosos de la alta montaña, prefieren hacer el nido en una pequeña cueva o en lugares con algún saliente superior, a modo de techumbre, que les proteja de las inclemencias invernales. Ponen entre uno y dos huevos, raramente tres, que incuban entre 55 y 60 días. Los huevos eclosionan en abril, frecuentemente, solo sobrevive el primer pollo. Este abandona el nido a los 106-134 días de edad y ensayan sus primeros vuelos entre finales de mayo y finales de agosto.

 

Alimentación

Su dieta se compone básicamente de huesos y carne de cadáveres de vertebrados, fundamentalmente mamíferos, pero también pueden comer aves y reptiles. Son capaces de engullir grandes huesos, aunque para lograrlo han de contorsionar el cuello y abrir exageradamente el pico. Para acceder al tuétano de los grandes huesos que no pueden tragar, remontan el vuelo y los dejan caer sobre piedras, para que una vez partidos, puedan tragarlos. En el muladar no son aves agresivas, si hay algún conflicto, cogen el hueso con una mano y huyen volando. Si tienen suficiente espacio y tranquilidad, los tragan y se marchan. Si hay algún conflicto con algún joven quebrantahuesos, los adultos renuncian a la pugna y dejan el bocado al jovencito impulsivo.

 

Lecturas de anillas y banderas

Quebrantahuesos:

Adulto, con bandera verde 29 ala derecha, dígito blanco, bandera blanca 29 ala izquierda, dígito negro.

Adulto, bandera blanca, ala izquierda, dígitos negros, 41.

Adulto, bandera blanca, ala derecha, dígito negro 3C.

Adulto, bandera blanca, ala derecha, dígito negro 3U, bandera azul, ala izquierda, 3U.

Adulto, bandera amarilla, ala izquierda 25, ala derecha, bandera roja, 25.

Adulto con célula solar en el dorso para alimentar un emisor vía satélite, sin más marcas.

 

Buitre negro:

Anilla amarilla pata izquierda, NHT, de abajo arriba, dígito negro.

Anilla amarilla pata izquierda, MHL, de abajo arriba, dígito negro.

Anilla amarilla pata izquierda, WHT, de abajo arriba, dígito negro.

Anilla azul pata izquierda, OHF, de abajo arriba, dígito blanco.

 

Buitre leonado:

Anilla azul, pata derecha, CP3, de abajo arriba, dígito blanco.

 

Además de los necrófagos pudimos observar u oír otras especies, por destacar algunas: ciervo (Cervus elaphus); collalba gris, culebrera europea (Circaetus gallicus); alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio); pico picapinos (Dendrocopos major); cuco (Cuculus canorus bangsi); chotacabras europeo (Caprimulgus europaeus); cárabo común (Strix aluco); autillo (Otus scops); o acentor común (Prunella modularis). Sin duda una visita a Buseu, es uno de los mejores espectáculos naturalistas que se puede disfrutar en la Península Ibérica, algo que no debes perderte, al menos una vez en la vida.

 

Bibliografía

https://www.buseuproject.com/

Margalida, A. (2016). Quebrantahuesos – Gypaetus barbatus. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Salvador, A., Morales, M. B. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/

https://www.vertebradosibericos.org/aves/gypbar.html

https://anuariorocin.blogspot.com/2020/01/plumajes-y-muda-del-quebrantahuesos.html

https://plumarium.es/quebrantahuesos/

https://www.pajaricos.es/mas/masquebrantahuesos.htm

https://www.euskadi.eus/contenidos/informacion_publica/inf_20140514132339/es_def/adjuntos/20140211_PG-Necrofagas_FINAL.pdf

https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/biodiversidad/temas/conservacion-de-especies/laniusminor_tcm30-483581.pdf

 

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